El Teletrabajo (Home Office), tema y estilo de encarar las tareas laborales que más se arraigó desde la pandemia COVID, se vio en sus comienzos como una comodidad y una forma de optimizar las tareas. Todo esto fue escondiendo el verdadero precio que tarda en manifestarse y lo es en forma silenciosa: el daño o empeoramiento de ciertos factores que afectan la salud mental.
Esta modalidad ya era conocida pero no tan usada antes de la pandemia, pero con ella se transformó en un recurso de productividad y a su vez de escape de la rutina del encierro. Pero esto ya era usado mucho antes, especialmente en empresas multinacionales, que necesitaban contacto y desarrollo en varios lugares del mundo y donde realmente no necesitaban una base orgánica tan fuerte.
Muchos teletrabajadores son, por naturaleza, personas solitarias y que no tienen muy en cuenta los criterios de descanso, comidas, ejercicios y lo que es peor, la interacción social. Podrían ser definidos como lobos solitarios.
Muchos de ellos quieren trabajar a distancia, escondiendo muchas de esas características en el pretexto de tranquilidad y comodidad, pero no son conscientes de las consecuencias en el aislamiento y la salud mental, pues es algo que se refleja con tardanza y se toman sutilmente como normalidades en el comportamiento.
Esto se ve empeorado en aquellos que viven solos o que tienen gran parte del día en soledad, arraigando esto su carácter ermitaño y la molestia de la presencia «del otro» en su «refugio». Y poco a poco aumenta el tiempo de esa necesidad de soledad, empeorando el bienestar mental y desgaste físico.

Esta situación se agrava luego de la pandemia COVID, con la generalización del home office o teletrabajo, trayendo consigo un incremento general del malestar psicológico. A esto se suma un incremento en ciertos factores de riesgo como los problemas de hipertensión, de mala alimentación y dejadez ante la no necesidad del intercambio social.
Recordemos que el mayor aislamiento durante el trabajo no se compensó «de manera significativa» socializando más fuera del horario laboral y es que el lugar de trabajo es una «fuente clave de conexión». Esto se muestra en un estudio de 2022 según el cual los adultos eran más propensos a entablar amistades en el trabajo, más que en lugares de culto, en los barrios, en clubes o en las escuelas de sus hijos. Esta cadena se rompe completamente.
El aumento del aislamiento y soledad (antes de la pandemia las personas pasaron de 6 horas de vigilia en soledad a 7 horas promedio) es más pronunciado y en aumento entre aquellos que viven solos, pues pueden pasar todo el día y gran parte de él sin contacto social.
En el periodo 2022-2024, los que vivían solos pasaron el 45,9 % de los días de teletrabajo completamente solos y el 31,1 % sin ningún contacto social.

Esto, aparte de los daños a la salud física, quizás más visible, trajo un aumento del malestar psicológico, casi el doble en los que viven solos en comparación de los que viven o interactúan con familias.
La Depresión como forma visible, se hizo presente y se muestra en el alza de la necesidad en muchos casos de recurrir a profesionales y las consecuentes recetas de antidepresivos o relajantes. No se tomaba en cuenta que la no interacción humana directa, el estar frente a monitores, la media luz u oscuridad de los ambientes cuando no son necesarias las cámaras iban a hacer explotar estos rasgos.
La salud física se ve golpeada, puesto que el teletrabajo ofrece más flexibilidad para buscar atención médica durante la jornada laboral, realmente no aumentó en registros de exámenes físicos ni revisiones rutinarias; en todo caso, disminuyó.

La Falacia
Muchos de los trabajadores afirman que disfrutan del teletrabajo y una encuesta de 2024 señaló que el 24% consideraba que lo ideal sería hacerlo a tiempo completo….
Pero el problema subyacente es la falta de información que se debe dar con esta forma de trabajo. Cada trabajador debe adoptar rutinas nuevas, momentos de descanso cada tanto tiempo, momentos de una caminata, de escapar a los monitores, de momentos de interacción.

Pues si no se realizan estas pautas que indicamos surgen, como base:
- la depresión
- el aislamiento completo
- el silencio
- la agresividad al tratar con otras personas o situaciones, hasta por salir a caminar o buscar algo
- la extraña y contradictoria no aceptación o comprensión de actitudes personales de otros como el uso permanente del teléfono celular
- la no aceptación de lo lúdico que pueda afectar las obligaciones y el trabajo
- las dificultades para conciliar el sueño, por los cambios circadianos
- las enfermedades del sedentarismo (hipertensión, obesidad, pérdida de masa muscular, colesterol, por ejemplo)
- el no poder enfrentar situaciones complejas
- el sentirse discriminado, especialmente en épocas en que el grupo social incentiva (bien o mal, aceptable o no) la pertenencia a un “ismo”
En conclusión: el Teletrabajo u Home Office no controlado se convierte en un verdadero riesgo. Y obviamente, el pedido de ayuda desde el afectado, en su silencio, en su soledad, llega tarde.
Artículo base del desarrollo:
El teletrabajo tiene un coste en salud mental que nadie ve – DW